Cada fin de semana se termina una historia después de un partido, pero las historias comienzan días antes, en las reuniones previas, en las concentraciones. Todas esas crónicas urbanas y teñidas de celeste merecen ser contadas. Porque elegirte es una decisión, seguirte es una devoción y amarte es una pasión sin control...

miércoles 2 de junio de 2010

La vida te da sorpresas...

Era 1991, alrededor de 400 guerreros, con amenazas y todo, planearon la llegada al antiguo gayinero. Jóvenes que promediaban los 24 ó 25 años, con trapos y bombos, con camisetas celestes y papeles picados llegaron al viejo muladar crema. Llovieron ladrillos desde los techos de las casas, había gayinas por todas partes, algunos chibolos caían en manos de los emplumados, que entre 20 ó 30 chancaban a un adolescente de 15 ó 16 años, porque así son las gayinas, en mancha son más malos que los Destructores.

La recién fundada Barra Popular Celeste llegó al gayinero caminando, sin resguardo policial, guerreando, se metió al actual urinario público que es el lolo, pisó la tribuna y arrancó a una vieja, numerosa y COBARDE barra de oriente percudida. Un sólo guerrero se mechaba en la cancha con dos o tres hinchas de ambiente norte, y los gomeaba a su antojo. Ese día, los enemigos fueron dos, los cabros y la policía.
Se gritaron los dos goles de la Pepa Baldessari tanto, que se escuchó hasta en el Rímac. Ese año campeonamos, le ganamos en la final a las mismas gayinas, nació el Extremo de toda Pasión, nació el ídolo eterno que fue, es y será Horacio Raúl 'la Pepa' Baldessari, y además se hizo el carnaval en el gayinero.

 
Después de metiste con los jugadores y no frente a frente, claro está, tú nunca haces eso, tú condición de cobarde ya es de antaño. Tiraste una bombarda desde lejos contra un bus que no te iban a responder, corriste, te escondiste, y luego, denunciaste públicamente al responsable. Un dirigente dijiste, un tal Alfredo, que hace poco Dios no lo quiso recoger, porque huevadas no recibe. Desde 1991 ya eres cabro y soplón.
Es 2010, llegarás al San Martín con control policial, te protegerán, te sacarán primero para que un grupo de hinchas celestes no abusen de ti, fácil correrás también, fácil te harás el matón teniendo cientos de tombos a tu alrededor. Tu realidad te dirá que sin policías no hubieses llegado ni a la Plaza Dos de Mayo. Pero recuerda gallinita, que la vida te da sorpresas…